Aral, la sed en dos copas

Hace una semana vio la luz Aral (ed. Amargord), mi último poemario. Todavía no ha llegado a las librerías, pero el martes 23 tuve la oportunidad de presentarlo en León, con una lectura en “Las noches de R. Burns”, un ciclo de encuentros literarios que coordina el poeta Rafael Saravia en el Chelsea British Bar. Así que permitidme que me haga un poco de autopromoción y brindemos por ello.

Aral, metáfora de la sed

Editorial Amargord, 2016

El viaje al mar desierto de Aral (Uzbekistan) es una composición de fragmentos encontrados, los cuales remiten a una historia que entra en lo amoroso, lo político, lo ecológico y, sobre todo, en la posibilidad creativa del lenguaje. De alguna manera, todo se ve envuelto bajo la metáfora de la sed, pues la sed se traduce como ansia, anhelo. Sed de lo otro, del otro, de conocimiento, de engaño y verdad, sed de palabras. Porque las palabras son como el agua, dijo María Zambrano. Pero ¿quién va por agua al desierto?  ¿cómo se vacía un mar?

Es inevitable, tanto hablar de sed que a una le dan ganas de beber y de brindar. Y esta semana he alzado la copa por Aral en dos ocasiones para desear buena andadura al libro. Dos ocasiones menciono por simplificar, pues el día de la presentación en León tuve la oportunidad de probar también excelentes cervezas artesanas, elaboradas en un bar y fábrica del casco histórico llamado Four Lions Brewery. Seis tipos de cerveza y una red IPA deliciosa que caté en primicia. ¡Cómo agradezco tan buena atención!

Haig Club Single Grain Whisky

Whisky

Esta es la bebida patrocinadora de la sesión poética: un whisky que procede de una sola destilería (“Single”), en este caso Cameronbridge, elaborado con mezcla de granos (lo que se denomina “Grain”). A diferencia de la mayoría de los Grain escoceses, los cuales se elaboran con alto porcentaje de malta de cebada (suele alcanzar el 50%) y el porcentaje restante de diversos granos, el Haig Club tiene la particularidad de que posee solo un 10% de cebada, mientras que el trigo supone el 90%.

Poco se puede decir del color de este whisky debido a la tenue luz del local en aquel momento, pero se apreciaba brillante y limpio. En aromas encontramos vainilla, caramelo, algo de mantequilla, fruta exótica y cítrica y especias, tipo canela. En boca se repiten estos aromas y resulta seco, terso, con cuerpo y final medios e intensidad de sabor ligera. Fresco y fácil de beber, solo, con agua o con hielo. El “pero” que le pongo a este whisky es que ande David Beckham en el club y la botella parezca contener la fragancia del hombre de éxito.

Domaine Benetière, Cordeloux 2009

Rotie

El segundo brindis tuvo lugar al día siguiente con motivo de una cata a ciegas. Cordeloux procede de una de las zonas más prestigiosas del norte del Ródano, Côte-Rôtie, donde la uva syrah manda. Pierre Benetière cultiva con mimo, y de acuerdo a los principios de la agricultura ecológica, sus tres hectáreas de viñedo, con el fin de que la botella que abramos sea fiel a la expresión del terruño, aunque, en este caso… ¡nos despistó!

Complejo en aromas: fruta negra madura, pimienta, algo ahumado y cárnico, terroso, mineral, monte bajo. En boca se muestra equilibrado, suave y sabroso. Final medio largo. Transmite la elegancia que caracteriza a los vinos de Côte-Rôtie.

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