Burbujas de principio a fin

Burbujas… Entre los tópicos navideños, uno que, voluntaria o forzosamente, vuelve cada año en medios digitales o en  papel, entre marcas y establecimientos comerciales, es el de abordar el tema de los vinos espumosos, con fines económicos casi siempre. Yo lo haré solo por pasión, pues considero que estos vinos deberían estar de moda todo el año. Pero no escondo mi predilección: el champagne.

Cuando me refiero a los espumosos, junto al champagne incluyo, aunque se elaboran en múltiples zonas del planeta, el cava (una denominación de origen interregional española, aunque suelo pensar en Sant Sadurní d’Anoia al hablar de él) y los crémants franceses (Limoux o Loira entre los más conocidos). Estos tres tipos de vino, si bien muestran cualidades que los diferencian entre sí ante nuestros sentidos, tienen en común que se realizan con el “método tradicional” o “champenoise”. Es decir, mediante una segunda fermentación del vino en la misma botella que va a abrir el consumidor final. La clave reside en que en esa botella, al vino base se le añade el licor de tiraje (compuesto por levaduras, azúcar, nutrientes y algún agente clarificante) con el fin de producir gas carbónico natural en el líquido. Una posterior crianza sobre lías, más prolongada por cierto en Champaña que en las regiones de los cavas o crémants, otorgará distintos matices a los vinos. Además, se distinguirán por el grado de dulzor: los encontraremos de secos totalmente (los brut nature o extra brut) a dulces, con sus variaciones intermedias, del tipo semisecos y semidulces.

Pero este artículo no versa sobre la elaboración de los diversos espumosos, ni las diferencias entre ellos, sino que quiere ser un acercamiento a los momentos felices. Y ¿por qué los vinos espumosos hacen mis delicias? (¡Ojo, lector: no tenemos por qué coincidir!, cada sujeto es un mundo de sensaciones…)

En toda ocasión

Aunque frecuentemente los asociamos a celebraciones y a los brindis de los postres navideños, especialmente en Nochevieja, nos sobran los motivos para beberlos durante todo el año: cualquier ocasión brillará con burbujas. Haga frío o calor, ya se trate de un aperitivo entre amigos, una cena en pareja o un ménage à trois, un baile o una sesión de música, que será memorable. De secos a dulces, con más o menos crianza, servidos más o menos frescos de acuerdo a su edad, son vinos muy variados, cada uno tiene su momento… Y el del champagne revelará siempre algún mensaje.

En compañía

Realmente versátiles a la hora de armonizar con una comida de principio a fin. El alcohol y el carbónico limpian bien el paladar, y la acidez, sobre todo la que distingue al champagne, aporta una sensación refrescante que nos deja deseando el siguiente bocado. Entre aperitivos y platos principales la dificultad del maridaje se resuelve con más facilidad si optamos por los espumosos: de los jóvenes a los maduros o jugando con las variedades de uva, según la intensidad de sabor de los manjares, incluso los platos serios de carne pueden acompañarse, por ejemplo, con un cava gran reserva o un champagne de larga crianza, mejor si lleva un buen porcentaje de pinot noir. No dejéis de experimentar.

Y solos

Si bien van perfectamente con casi cualquier plato, también es cierto que los vinos espumosos resultan fáciles de beber, pese a su complejidad, no exigen necesariamente la ingesta de alimentos como suele ocurrir con la mayor parte de los vinos tintos. Además…¡Están muy ricos! Ten siempre alguno en la nevera. Los crémants y cavas gozan de precios bastante competitivos.

True love

Y en cuanto a mi amor incondicional, repito las palabras del Master of Wine Pedro Ballesteros en su introducción a la Guía Melendo del Champagne: “aparte de Sara Montiel, nadie ha osado nunca decir que se alimenta con champagne. El champagne es pura emoción, placer sin excusa”. Se halla vinculado a “sensaciones, emociones y sentimientos”, como nos trasmite David Bernardo López Lluch, el actual Embajador del Champagne en nuestro país, en su reciente artículo para Foodie Channel que os invito a leer.

¡Salud!

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