Duelas y quebrantos

No hablo aquí de los famosos “duelos y quebrantos” de la gastronomía manchega, ni de la dieta que siguiera el ingenioso hidalgo Don Quijote. Sí hablo de duelas, esas tablas de madera que se tuestan para domarlas y poder alzar con ellas las conocidas barricas destinadas a la crianza oxidativa del vino, incluso a su fermentación en ocasiones. Dicho así, parece inofensivo, pero cuidado con esos tostados y esas barricas, que cuando caen en manos de gente sin alma, nos dan muchos quebrantos.

magna vides

Otro Ribera del Duero es posible

Y hay más desalmados de los que creemos. Obedecen al llamado de la uniformidad. Elaboradores, críticos, wineloverismo provinciano… larga es la cadena hasta llegar a los consumidores que compran tendencia, marca, seguridad, aplauso fácil: el gusto también se ha globalizado de manera conservadora. Esos vinos, estandarizados por métodos de producción muy tecnológicos, garantizan un producto que vamos a reconocer en cualquier punto del planeta, añada tras añada, porque la madera impone sus torrefactos y especias. Es decir, que no hay riesgo, ni por parte del elaborador, ni del distribuidor ni del consumidor. Emoción cero. Y quien no arriesga se pierde la oportunidad de saborear los vinos que realmente son la expresión de un paisaje, de la unión entre naturaleza y cultura. No quiero decir que no haya grandes vinos de marca capaces de emocionarme, pero son los menos, bastante caros también, y en los cuales el uso de la madera está asociado a la definición de un estilo de vino que ha de envejecer por mucho tiempo antes de su consumo, como sucede con los grandes blancos de Borgoña.

Brindemos por la honestidad, la tierra y la diferencia con este Magna Vides de Ribera del Duero. Tuve la oportunidad de conocerlo en A Emoción dos Viños, encuentro anual para viticultores y bodegas preocupados por el desarrollo sostenible, que pasa por la aplicación de prácticas biodinámicas y ecológicas, y los vinos poco intervenidos. Pequeñas producciones que garantizan que nunca vas a beber el mismo vino dos veces, como explica Joan Gómez Pallarès en ese maravilloso libro sobre los vinos naturales del cual hablé hace poco.

En la D.O. Ribera del Duero es fácil hallar mucho maderazo. A veces una no sabe si pedir unas chuletitas de cordero para acompañar el vino o un serrucho. Sin embargo, Andrea Sanz y Pablo Arranz, de Magna Vides Bodegas y Viñedos, utilizan la madera con respeto y habilidad, así permanecen fieles a la viña. Y mirad que lo probé casi recién salido de la barrica, a medio integrarse todavía el vino en la botella. Afortunadamente, se encuentran más ejemplos como este. Por Cata y Contracata ya han pasado algunos, y llegarán más, pero buscad, buscad, seamos intrépidos, no perdamos el placer de explorar… ni la capacidad de asombro. Eso nunca.

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