Sumiller en casa: manual de supervivencia

Abridor de sumiller

Anfitriones y anfitrionas entrenad vuestras habilidades como sumilleres aficionados. Las fiestas inminentes son propicias para ello. Con el fin de agasajar a vuestros invitados con vino y obtener el mayor placer de la bebida, es preciso un buen servicio. Estos breves apuntes pueden ayudaros.

Una copa adecuada

Imprescindible para que el vino exprese sus aromas. No son necesarios esos grandes balones tamaño pecera, basta con una copa entre 350 cc. y 420 cc. Y por supuesto, de cristal y transparente.

Apertura de la botella

Gollete de la botella

Se realiza con la botella apoyada sobre la mesa, para evitar movimientos que pudieran remover los posibles sedimentos. La cápsula que cubre el tapón se corta por debajo del gollete, de modo que disminuye el riesgo de goteo sobre el mantel al servir el vino. Además, evita el contacto del vino con el metal, que pudiera no estar demasiado limpio. El abridor de palanca simple y dos tiempos de apertura, conocido también como “de sumiller” o “camarero”, es el más sencillo y recomendable para los vinos comunes. No olvidéis mostrar siempre la etiqueta de la botella, tanto al sostenerla para escanciar el vino, como al dejarla sobre la mesa para que los invitados tengan acceso a ella.

La decantación

Es la acción de trasvase del vino a ese recipiente de cristal llamado decantador que, la mayor parte de las veces, tenemos de adorno en casa, y se realizará cuando sea estrictamente necesario, así que no corráis a desempolvarlo. Se utilizará para eliminar los posos, si los tuviera, aunque para ello también se puede optar por no escanciar el final de la botella, en vez de decantar. O bien para los vinos jóvenes muy cerrados que precisen abrir sus aromas, cosa que se puede hacer también agitando el líquido en la copa sin recurrir al decantador. Un gran vino viejo puede perder su delicado bouquet con la decantación. Por cierto, el mito de abrir la botella un rato antes de beberla “para que respire” no sirve de nada, teniendo en cuenta que la cantidad de aire que entra es del orden de una décima de miligramo por litro: irrelevante.

El orden de servicio

El orden aconsejable para disfrutar al máximo de las diferentes botellas que pueden acompañar una velada, obedece a cuatro reglas que se fundamentan, sobre todo, en la intensidad de sabor y cuerpo de los vinos. No tiene mucho sentido probar un vino blanco joven después de un tinto con crianza, pues nuestra boca no percibirá ya su frescura y sutileza de sabor. Y no toméis tampoco un oloroso antes de un frizzante, pues no os vais a enterar de este último. Ante la duda, se sirven:

  • Los vinos jóvenes antes que los viejos
  • Los que se sirven fríos antes que los atemperados
  • Los blancos antes que los tintos
  • Los vinos secos antes que los dulces
La temperatura de consumo

Suele figurar en la etiqueta de cada botella. Pero a grandes rasgos, los vinos blancos jóvenes se sirven a 8-10ºC, los blancos fermentados en barrica o con crianza y los rosados a 10-12ºC, tinto joven entre 13-15ºC, y con crianza a 15-18ºC. Los vinos espumosos entre 6-10ºC, cuanto más joven más fresco. El fino y la manzanilla alrededor de los 10ºC y los generosos maduros entre 14-16ºC.

Y lo esencial, divertíos y no perdáis la sonrisa en ningún momento. Hasta la persona menos habilidosa recibirá el aplauso de los comensales.

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