Un salón estrellado y Las Moradas de San Martín

Esta semana he podido acudir en Madrid a dos eventos que han congregado a profesionales del sector del vino, curiosos y prensa: el Salón de las Bodegas del Siglo XXI y el Salón de las Estrellas de la Guía Peñín. El primero pretende ser un escaparate para las bodegas que se han creado en los últimos años, mientras que el segundo presenta los vinos con mejor relación calidad-precio, es decir, con cuatro o cinco estrellas seleccionados por la famosa Guía Peñín. En ambos eventos, los vinos españoles más representativos, los del Marco de Jerez, han brillado por su ausencia. En el primer caso es comprensible debido a la juventud de las bodegas participantes, en el segundo es imperdonable. De no ser por la única representación de Bodegas Barbadillo, cuya manzanilla Solear en rama me pierde… Cómo explicar que, si un palo cortado jerezano cuesta 40€, no es que tenga una mala relación calidad-precio, sino que cuesta hacer las cosas bien, hay que invertir espacio y mucho tiempo en estos vinos, y la relación puede ser igualmente buena. Tras mi decepcionante paseo por un salón estrellado más que de estrellas, y salvando un par de bodegas gallegas (Gargalo o Ramón do Casar) con interesantes vinos blancos, me reafirmo en mi idea de que tenemos que exigir calidad y placer. Me fui de allí con un gusto a tablón en la boca… Poco apetecible.

Las Moradas

Volviendo al Salón de las Bodegas del Siglo XXI, entre algunos vinos reseñables, descubrí Las Moradas de San Martín, bodega y viñedos que se acogen a la D. O. Vinos de Madrid. Este proyecto nace con el objetivo de recuperar antiguos viñedos de uva garnacha, mediante la práctica de la agricultura ecológica, y de elaborar en bodega con técnicas modernas para lograr vinos de calidad… Y tanto que lo consiguen, y a una muy buena relación calidad-precio, desde mi punto de vista. Mejor pagar un poco más que masticar lapiceros.

Ya conocía al pequeño de la casa, Senda, y fue un placer catar sus otros tres vinos mayores: Initio, La sabina y Libro ocho. Las luces (estos dos últimos no contienen sulfitos). Por supuesto, los nombres de los vinos y las connotaciones literarias también me atraen. Si cada (buena) botella es siempre una historia, en esta bodega se encargan de que cada una nazca vinculada a un relato, literalmente hablando, escrito por algún autor contemporáneo.

Anoche tuve el placer de ir a cenar a Los Hermanos Valdivieso. Este diminuto restaurante ofrece una cocina que fusiona modernidad, tradición y buena materia prima. Para mi alegría tenían en carta Las Moradas, así que escanciamos INITIO 2008 en nuestras copas. Un vino elaborado con uva garnacha 100%, con 14 meses de crianza en roble francés. Complejo en nariz, con aromas a fruta negra madura (mora y ciruelas), regaliz, especias dulces, tostados y algo balsámico. Amplio en boca, concentrado, con el alcohol bien integrado y estupenda acidez. Lo saboreamos a gusto con la paletilla rellena y un espectacular risotto de boletus, con jugo de cordero y parmesano. Maridaje muy recomendable.

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